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Capacitación comercial para industria y fabricantes B2B

Entrenamos al equipo de venta técnica sobre sus propios equipos, sus presupuestos y sus clientes. El foco está en la parte que decide la operación y que casi nunca se entrena: lo que pasa antes de que exista un precio, y lo que pasa después de mandarlo.

La venta se define antes de que haya presupuesto

En una venta técnica, cuando el cliente pide precio ya decidió casi todo. Eligió qué tipo de equipo necesita, con qué capacidad y bajo qué condiciones, y muchas veces lo hizo mirando la ficha de otro proveedor. El vendedor que entra en ese momento solo puede competir por precio, que es la peor posición posible.

Lo que cambia el resultado es entrar antes: entender qué produce el cliente, con qué volumen, con qué mano de obra y con qué cuello de botella. Un vendedor que puede decir qué gana el cliente por mes con el equipo está vendiendo una inversión; uno que solo recita especificaciones está vendiendo un fierro, y los fierros se comparan por precio.

El segundo lugar donde se pierde plata es más banal: el presupuesto se manda y nadie vuelve a llamar. En los equipos que relevamos, esa es la causa individual más frecuente de operación perdida, por encima del precio.

Qué se entrena

El temario sale del relevamiento, pero estas son las etapas sobre las que trabajamos en venta industrial y de equipamiento.

Relevamiento del proceso del clienteQué produce, cuánto, con qué gente y dónde se le traba. Es la conversación que evita competir por precio
Traducir especificación a negocioPasar de capacidad y potencia a rendimiento, costo por unidad y tiempo de repago
Calificación tempranaDistinguir al que está averiguando del que tiene fecha, presupuesto y decisión tomada
Armado del presupuestoQué lleva además del precio para que el cliente pueda defenderlo internamente
Seguimiento del presupuestoCuándo se vuelve a llamar, con qué excusa legítima y hasta cuándo
Objeciones del rubroPrecio, plazo de entrega, financiación, equipo usado y la comparación contra el importado
Posventa y repuestosPor qué el respaldo pesa tanto como el equipo, y cómo se usa como argumento antes de vender
Registro de la oportunidadQué se carga, para qué sirve y cómo se lee después para saber por qué se pierde
En la venta técnica el cliente define el equipo antes de pedir precio: averigua, define, pide presupuesto, compara y decide

El vendedor técnico que no vende, y por qué

En la industria el equipo comercial suele venir del lado técnico, y eso tiene una ventaja enorme y un problema conocido. La ventaja es la credibilidad: sabe de qué habla y el cliente lo nota en dos minutos. El problema es que explica, y explicar no es vender.

Una explicación larga y correcta deja al cliente con más información y con la misma indecisión. Lo que mueve es una pregunta bien hecha, un número traducido a su negocio y un pedido de compromiso concreto. Esas tres cosas se entrenan, y no compiten con el conocimiento técnico: se apoyan en él.

Por eso el ejercicio central del programa no es un juego de roles genérico, sino tomar tres oportunidades reales que el cliente perdió el último trimestre y reconstruir en qué momento exacto se fueron. Casi siempre aparece el mismo momento, y casi nunca es el precio.

Lo que pedimos antes de cotizar

  • Cuántos presupuestos salen por mes
  • Cuántos terminan en operación
  • Cuánto dura el ciclo, de consulta a orden
  • De dónde vienen las consultas hoy
  • Dónde queda registrada una oportunidad
  • Tres operaciones perdidas del último trimestre

Tres cosas propias de este rubro que el programa contempla

El ciclo es largo

Entre la primera consulta y la orden pueden pasar meses. Un programa sin seguimiento posterior no llega a ver si algo cambió: el resultado aparece después del último encuentro.

Decide más de uno

El que consulta no siempre firma. Se entrena a mapear quién usa el equipo, quién lo paga y quién puede vetarlo, y a darle a cada uno el argumento que le sirve.

El equipo comercial es chico

Dos, tres o cuatro personas, muchas veces con el dueño adentro. Eso simplifica el formato y hace que la dirección esté en la sala, que es la mejor condición posible.

Cuándo la capacitación no es lo que hace falta

Si entran tres consultas por mes, el problema no es cómo se atienden. Es que la empresa no aparece donde la buscan, o que nadie sabe que existe fuera de su zona. Eso se trabaja con posicionamiento, con campañas de búsqueda y con contenido técnico, no con horas de aula.

Si las consultas entran pero nadie sabe cuántas fueron ni qué pasó con ellas, lo primero es ordenar el registro. Un equipo entrenado que sigue sin anotar nada vuelve al punto de partida en seis semanas, porque no hay cómo corregir lo que no se ve. Eso es proceso comercial.

Y si están abiertos los tres frentes a la vez —pocas consultas, sin registro y sin método— conviene empezar por una consultoría que ponga el orden, y capacitar después. Lo decimos en la reunión de encuadre, aunque signifique no vender la capacitación ese día.

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Preguntas frecuentes

Sí, y es el tamaño más eficiente: un solo grupo, sin cohortes, y todos practican en cada encuentro. En equipos chicos el programa suele salir más corto que el estándar de 86 horas, porque el relevamiento lleva menos y no hay que repetir las sesiones. La condición que sí importa no es el tamaño sino que el dueño o el responsable comercial participe: en la industria casi siempre está, y eso juega a favor.

Sobre los suyos. Parte del relevamiento es entender la línea de productos, los rangos de precio, los plazos de entrega y las objeciones reales que recibe el equipo. Los ejercicios se arman con presupuestos que la empresa mandó y con operaciones que perdió. Un caso de manual sobre una industria que no es la suya sirve para ilustrar un concepto, no para entrenar, y el equipo lo detecta enseguida.

En un rubro donde el ciclo de venta dura meses, lo que se puede ver a las pocas semanas no son ventas sino conductas: si los presupuestos se están siguiendo, si las oportunidades quedan registradas, si el relevamiento del cliente se hace antes de cotizar. Esos son los indicadores que miramos en la revisión posterior. Las operaciones cerradas llegan después y dependen de muchas cosas que no controlamos.

Sí, pero se diseña distinto, igual que con cualquier red que no es de empleados. A un distribuidor no se le puede exigir un protocolo: el programa se arma sobre lo que a él le conviene vender y cómo. Suele ser más corto y más aplicado, y conviene hacerlo aparte del equipo propio, porque las preguntas que se hacen delante del fabricante no son las mismas que se hacen sin él.

No publicamos precios, pero sí la estructura: el programa se cotiza por horas totales, no por jornada dictada, y los tres tamaños son de 28, 86 y 126 horas. En un equipo comercial chico, que es lo habitual en la industria, el programa completo tiende al extremo bajo del rango. Lo que más lo mueve es si hay que viajar y cuánto relevamiento hace falta. Para cotizar necesitamos media hora de conversación.

No hace falta tenerlo, pero sí hace falta decidir dónde va a quedar registrada una oportunidad, aunque sea una planilla. Entrenar seguimiento sin ningún lugar donde anotar es entrenar algo que se va a perder la semana siguiente. Si la empresa no tiene nada, en el programa se define lo mínimo y se entrena sobre eso; si tiene un CRM que nadie usa, trabajamos sobre por qué no lo usan, que casi siempre es porque no les devuelve nada.

Empecemos por tres presupuestos perdidos

Elegí tres operaciones que se cayeron el último trimestre y reconstruimos juntos en qué momento se fueron. En general aparece el mismo momento en las tres, y ese es el programa.

La reunión de encuadre no tiene costo. De ahí sale el temario, y recién después el presupuesto.

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