Consultoría de marketing y ventas · Santa Fe, para toda Argentina
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La pregunta que más nos hacen no es cuánto sale un servicio: es por dónde empezar. Hacemos diez cosas y casi nunca conviene contratarlas todas juntas, así que van ordenadas por lo que resuelven y con el orden en que rinden más.
Ordenamos lo que hacemos por lo que resuelve, y no como un catálogo. Lo difícil para una empresa no es elegir dentro de una grilla: es saber qué hace falta primero cuando el presupuesto alcanza para una cosa y no para cinco.
Trabajamos con una idea simple y poco cómoda: invertir en captar demanda antes de ordenar cómo se gestiona es la forma más cara de no crecer. Si entran cien consultas y se responden treinta, el problema no se arregla con más anuncios.
Por eso lo agrupamos en tres capas, y el recorrido normal las atraviesa en este orden.
Diagnóstico de la situación comercial, definición de a quién se le vende y cómo, y prospectiva de lo que viene. Es la capa que evita gastar en la dirección equivocada.
Que la empresa aparezca donde la buscan y donde todavía no la buscan: búsqueda orgánica, paquete local, anuncios y contenido.
Que la consulta que entra se clasifique, se responda y se siga. Sitio orientado a conversión, proceso comercial, entrenamiento del equipo y acompañamiento del sistema.

Cómo va a cambiar la inteligencia artificial el mercado de tu empresa, tu forma de vender y el trabajo de tu equipo. Diagnóstico de impacto, escenarios y un sistema para monitorear el avance de la IA en tu sector.
Empezamos por la decisión y no por la herramienta: primero qué cambia en tu mercado y qué conviene hacer con eso, y después con qué se implementa.
Diagnóstico comercial y de marketing, con un plan que prioriza. No es un informe: es la definición de qué se hace en los próximos noventa días y qué se deja para después.
Aparecer en Google cuando alguien busca lo que tu empresa vende. Arquitectura del sitio, contenido que responde las preguntas que la gente escribe en el buscador y trabajo técnico sobre lo que hoy frena el posicionamiento.
Ficha de Google, reseñas, citas y contenido local. Es el servicio que más rápido devuelve cuando el cliente busca cerca y decide en el día: la ficha se corrige en una semana y el paquete local se mueve entre las cuatro y las ocho.
Captar a quien ya está buscando. Es el canal más caro por consulta y el más rápido: sirve cuando hay algo que medir y alguien que atienda lo que entra.
Crear demanda donde todavía no existe la búsqueda. Es el canal que funciona cuando el producto necesita explicarse antes de venderse.
Contenido con un plan detrás y una frecuencia sostenible. Preferimos tres publicaciones por semana durante un año que cinco durante dos meses.
El recorrido completo de la consulta: cómo entra, cómo se clasifica, con qué velocidad se responde y qué pasa con la que no cierra en el momento. Incluye CRM y automatización del seguimiento.
Entrenamiento del equipo de venta sobre los casos reales del negocio, con compromisos escritos y una revisión semanas después. Lo que queda es un método que sirve para formar al que entra.
Sitios pensados para que alguien haga algo, no para verse bien en una presentación. Arquitectura, contenido y medición desde el primer día.
Acompañamiento continuo del sistema comercial, con informe mensual y ciclo de mejora. Es para cuando lo que falta no es empezar algo nuevo, sino que lo que ya existe funcione mejor cada mes.
No proponemos un paquete antes de mirar los números. La primera conversación es un diagnóstico: qué entra hoy, por dónde entra, qué pasa después y dónde se pierde.
En buena parte de los casos que vemos, la primera recomendación no es aumentar la inversión en captación. Es ordenar lo que ya está entrando, que suele ser más barato y devuelve antes.
Si preferís empezar por tu rubro en vez de por el servicio, el recorrido es este.

Lo que más nos preguntan antes de la primera reunión.
Con un presupuesto acotado conviene empezar por lo que ya está entrando y no por captar más. Ordenar cómo se reciben, clasifican y siguen las consultas actuales cuesta menos que generar consultas nuevas y suele mover el resultado antes. Recién cuando ese circuito funciona tiene sentido invertir en captación, porque cada consulta nueva vale lo que la empresa es capaz de atender.
Depende del canal y conviene decirlo sin adornos. Los anuncios muestran actividad en días, aunque la primera lectura útil llega al mes. El paquete local —ficha, reseñas, citas— empieza a moverse entre las cuatro y las ocho semanas. La búsqueda orgánica trabaja en meses, no en semanas, y en un sitio con problemas técnicos los primeros dos meses se van en arreglarlo. Nadie que prometa posicionamiento orgánico en treinta días está diciendo la verdad.
Depende del tipo de trabajo, y se define por escrito antes de que haya cualquier compromiso. La consultoría y los diagnósticos tienen inicio y fin: se entregan y se terminan. El acompañamiento continuo y las campañas se trabajan por período, porque un mes suelto de gestión no permite medir nada ni corregir nada, y cortar antes es pagar el aprendizaje sin usarlo. En la primera reunión queda cerrado el alcance, qué se entrega, cada cuánto nos vemos y cómo se corta si no funciona.
No, y casi nunca conviene. La mayoría de los proyectos arranca con dos o tres frentes y suma el resto cuando el anterior ya está funcionando. Contratar todo junto suele terminar en que ninguno recibe la atención que necesita, y hace imposible saber qué fue lo que movió el resultado. El orden lo define el diagnóstico: primero lo que ya entra y se está perdiendo, después la captación.
Estamos en Santa Fe y trabajamos con empresas de todo el país, y también de Uruguay. El trabajo es remoto salvo cuando hace falta estar: una sesión de fotos en la fábrica, una capacitación al equipo comercial, una reunión de definición. Para los servicios de marketing local sí importa la plaza, porque la ficha y las reseñas son geográficas.
Hacemos las dos cosas, y hay trabajos que solo tienen sentido puntuales. Un diagnóstico, una auditoría técnica de un sitio, la arquitectura de contenidos o una capacitación tienen inicio y fin: se entregan y se terminan. La gestión de anuncios, el posicionamiento orgánico y el acompañamiento del sistema comercial se trabajan por período, porque un mes suelto no permite medir ni corregir nada. Si lo que hace falta es una definición y no un acompañamiento, lo decimos y cotizamos el trabajo puntual, aunque sea el encargo más chico.
Hablás siempre con la persona que trabaja en tu cuenta, no con un ejecutivo que traslada el pedido. Somos una consultora chica: el mismo equipo que hace el diagnóstico es el que después escribe, configura y mide. Sumamos especialistas externos cuando el trabajo lo pide —producción audiovisual, desarrollo, diseño—, siempre con el criterio definido de antemano y bajo nuestra coordinación. La contrapartida honesta es que no tomamos más cuentas de las que podemos atender: cuando la agenda está llena lo decimos y damos una fecha, en lugar de arrancar y demorar.
El ritmo estándar es una reunión por mes y un informe mensual escrito, más el contacto que haga falta en el medio por correo o WhatsApp. El informe no es una lista de tareas hechas: dice qué pasó con los números que importan, qué se decidió a partir de eso y qué se hace el mes siguiente. En las primeras semanas de cualquier proyecto las reuniones son más seguidas, porque hay definiciones que no se pueden postergar. En los trabajos puntuales, el calendario de entregas queda escrito en la propuesta.
Cada frente tiene un plazo razonable para mostrar si funciona, y cuando ese plazo pasa la conversación la abrimos nosotros. Los anuncios dan una conclusión honesta alrededor de los noventa días; el paquete local empieza a moverse entre las cuatro y las ocho semanas; la búsqueda orgánica trabaja en meses. Si los números no aparecen, se revisa qué parte del diagnóstico estaba mal y dónde conviene poner el presupuesto, incluso si la respuesta es sacarlo de lo que hacemos nosotros. Lo que no hacemos es sostener un canal por inercia porque ya está facturado.
El tamaño importa menos que tener a alguien que atienda lo que entra. Trabajamos sobre todo con pymes que ya venden y quieren ordenar y ampliar lo que tienen: industria, agro, distribución mayorista, inmobiliario, salud, arquitectura y servicios profesionales. Con un emprendimiento que todavía no puede responder una consulta el mismo día, invertir en captación es gasto, y lo decimos antes de cotizar. En el otro extremo, cuando la empresa ya tiene un área de marketing propia solemos entrar como consultores de esa área y no como ejecutores, que sale más barato y rinde antes.
Sí, y pasa seguido: lo habitual es que la agencia siga con lo suyo y nosotros tomemos otra capa. Funciona bien cuando el reparto queda escrito antes de empezar —quién gestiona qué cuenta, quién publica, quién responde las consultas— y cuando hay una sola persona del lado del cliente que ordena las prioridades. No funciona cuando dos equipos tocan la misma cuenta publicitaria o el mismo sitio sin un criterio común: se pisan los cambios y después nadie puede explicar un resultado. Si vemos eso, proponemos dividir por canal o no tomar el trabajo.
El método general de un rubro es conocimiento de la casa y se enseña; los artefactos de un cliente no viajan a otro. Las matrices, los embudos, los guiones, los números y los materiales hechos con tu empresa se usan solo con vos, y tu nombre no se usa como referencia sin tu permiso. Antes de tomar un trabajo en un rubro donde ya hay cliente en la misma plaza revisamos si hay conflicto real —mismo público, misma zona, mismos términos de búsqueda— y lo declaramos antes de cotizar. Firmamos acuerdo de confidencialidad cuando el cliente lo pide.
La conversación útil arranca por lo que ya está funcionando y lo que no, no por el catálogo de servicios.
Media hora alcanza para saber si podemos ayudarte y por dónde empezaríamos.
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