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Programas de marketing local

Si tu cliente tiene el problema hoy y busca cerca, ya te está buscando. No hay que crear la demanda: hay que estar en la pantalla donde la compara. Por eso es el primer programa que recomendamos en un negocio local, y el único que empieza a moverse en semanas en vez de trimestres.

El que tiene el problema ya te está buscando

Hay dos marketings distintos, y confundirlos es lo que hace que un negocio local gaste mal. Uno tiene que crear la demanda: explicar una categoría, despertar un interés que todavía no existe, sostener la presencia hasta que a alguien le haga falta. El otro solo tiene que aparecer cuando alguien ya salió a buscar.

El negocio que resuelve un problema cerca está siempre en el segundo. Al que se le rompió el freno, al que le duele una muela, al que se le tapó un caño, nadie tiene que convencerlo de que necesita el servicio: ya lo sabe. Lo único que está decidiendo es a quién se lo compra, y lo decide en una pantalla, en menos de un minuto, comparando tres negocios que no conoce.

Por eso el primer trabajo de un negocio local no es construir marca ni generar interés. Es estar en esa pantalla, con motivos para que lo elijan a él. Todo lo demás viene después y rinde más cuando esto ya está.

Lo que nos cuentan antes de empezar

«Me buscan por el nombre y aparezco»

«Pero me buscan por lo que hago y aparece otro.» Es el síntoma más común, y casi siempre es la categoría de la ficha o los servicios sin cargar.

«Hace veinte años que estoy»

«Y el que abrió el año pasado está arriba mío en el mapa.» La antigüedad no puntúa. Lo que puntúa es la ficha completa y las reseñas, que ese otro sí trabajó.

«Cuando pago anuncios entra trabajo»

«Cuando corto, se termina.» Es la diferencia entre alquilar visibilidad y construirla. Las dos cosas sirven, pero no son lo mismo y no cuestan lo mismo con el tiempo.

«Entran mensajes y nadie los mira»

«Los veo el lunes.» Aparecer primero no sirve si la consulta que llega se enfría. Por eso el circuito de respuesta es parte del programa y no un agregado.

Por qué es la puerta de entrada

Cuando un negocio local nos pregunta por dónde empezar, la respuesta es casi siempre esta, y no porque sea lo que más nos conviene vender. Es lo que antes devuelve, lo que menos depende de sostener un gasto y lo que deja al negocio en condiciones de hacer bien todo lo que venga después.

Las cinco razones, en orden de peso:

La demanda ya existeNo hay que explicar la categoría ni despertar un interés. Alguien tiene el problema hoy y escribe. Capturar lo que ya se busca cuesta una fracción de generar interés donde todavía no lo hay
Se mueve en semanasLa ficha se corrige en días y el paquete local empieza a moverse entre las cuatro y las ocho semanas. Es lo único del portafolio que devuelve antes de un trimestre
Lo que se construye quedaUn anuncio deja de traer el día que se corta. La ficha, las reseñas y las citas siguen ahí el mes que viene y el año que viene. Es un activo del negocio, no un alquiler
Es la ventaja que no se copiaUn competidor te copia el sitio en un mes y te copia los anuncios en una tarde. No puede aparecer mañana con dos años de reseñas fechadas: se construyen de a una
Ordena lo que venga despuésPara trabajar la ficha hay que definir qué se vende, en qué zona, en qué horario y quién contesta. Con eso resuelto, los anuncios, la web y el contenido se apoyan en algo en vez de improvisar
Cómo decide el que busca cerca: aparece el problema, busca con el mapa, compara tres negocios en la pantalla, llama al que le dio más confianza y elige al que le responde

Qué cambia en el negocio, y cómo te das cuenta

Se nota primero en el teléfono, y no solo en cuánto suena: en quién llama. Empieza a entrar gente que no te conocía y que no llegó por recomendación de nadie. Para un negocio que hasta ahora dependía del boca a boca, esa es la diferencia de fondo: deja de depender de que alguien se acuerde de nombrarlo.

  • La consulta llega mejor informada. Sabe a qué te dedicás, dónde estás, en qué horario atendés y qué opinaron otros. Se acortan las conversaciones y bajan las llamadas para preguntar cosas que ya estaban publicadas
  • El que compara tiene motivos para elegirte. Y son motivos verificables por él —lo que dicen otros clientes, las fotos reales, que el negocio responde—, no afirmaciones tuyas sobre vos mismo
  • Te enterás de qué te buscan de verdad. La ficha reporta con qué palabras te encontraron, y eso casi siempre corrige la idea que el dueño tiene de su propio negocio
  • Aparecés cuando no estabas. En las búsquedas del rubro sin marca, que son las que traen clientes nuevos, no las que ya te conocen

Lo que no cambia solo es lo que pasa después de que entra la consulta. Si el mensaje queda sin contestar hasta el lunes, todo lo anterior se desperdicia. Por eso el programa incluye definir quién atiende lo que llega por la ficha, en cuánto tiempo, y qué se hace con la consulta que no cierra en el momento.

Las cuatro partes de un programa local

La ficha de Google

Categoría correcta, servicios cargados uno por uno, horarios, fotos del interior y botón para escribir. Es lo que más rápido se arregla y lo que más rápido se nota.

Las reseñas

Lo que más pesa y lo más lento de construir. Se piden con método después de cada trabajo bien hecho, y se responden todas.

Las citas y el NAP

El nombre, la dirección y el teléfono publicados igual en todos lados. Cada versión distinta le resta certeza a Google sobre dónde estás.

El contenido local

Páginas por servicio y por zona, publicaciones en la ficha y respuestas a lo que se pregunta siempre. Sirve para Google y para el que compara antes de llamar.

Para qué negocios es la entrada correcta

Para todo negocio donde el cliente tiene el problema cerca y decide en horas o en días: talleres y servicio técnico, comercios con local a la calle, clínicas y consultorios, estudios profesionales, veterinarias, gimnasios, oficios y servicios a domicilio. El recorrido del paciente, que es el caso más claro, está en clínicas y consultorios.

No es la entrada correcta en dos casos, y conviene decirlo antes de cobrar. Si le vendés a todo el país por especificación técnica, la búsqueda no tiene intención de cercanía y el mapa casi no aparece: ahí el trabajo es de posicionamiento orgánico y contenido. Y si ya te entran muchas consultas, lo que falta no es visibilidad sino orden: eso se trabaja en proceso comercial, y sumar tráfico arriba de un embudo que pierde es la forma más cara de no crecer.

Lo primero que miramos

  • Cómo está tu ficha y en qué categoría
  • Cuántas reseñas tenés y cuántas los tres primeros de tu zona
  • Si el nombre, la dirección y el teléfono coinciden en todos lados
  • Cuántas consultas entran por la ficha y qué pasa con ellas

En qué orden se trabaja y qué se mide

No se mide en seguidores. Se mide en llamadas y mensajes desde la ficha, pedidos de indicaciones, reseñas nuevas y consultas que terminan en trabajo, contra la línea de base del día cero.

PrimeroLa ficha y las citas: categoría, servicios, horarios, fotos y los datos publicados igual en todos lados
En paraleloQuién contesta lo que entra por la ficha y en cuánto tiempo. Sin esto, lo anterior no se convierte en trabajo
DespuésEl circuito de reseñas, con responsable y un objetivo mensual chico, y el contenido por servicio y por zona
De ahí en másMedición mensual y ajuste. Es mantenimiento, no un proyecto que termina

Seguí por acá

Lo que suele venir antes, al lado o después de un programa local.

Preguntas frecuentes

Las que más nos hacen en la primera conversación.

Por la ficha de Google y por las reseñas, en ese orden, y no es una respuesta de compromiso. Es lo único que se puede hacer bien con poco, que devuelve en semanas y que queda construido aunque después pares todo. Si el presupuesto alcanza para una sola cosa, que sea esta: los anuncios se pueden encender más adelante y van a rendir más sobre un negocio que ya aparece y que ya tiene opiniones.

Hacen cosas distintas y el orden importa. El anuncio compra visibilidad mientras se paga y se apaga el día que cortás; el trabajo local construye algo que queda. En un negocio que arranca, primero lo local y después el anuncio, que rinde mucho más cuando el que hace clic encuentra una ficha completa y veinte opiniones. Al revés también funciona, pero cuesta más caro el mismo resultado.

No hay un número fijo: lo que define es cómo estás contra los tres negocios que hoy aparecen para esa búsqueda. Contá las que tienen, mirá de cuándo son las últimas y si están respondidas, y vas a tener el objetivo concreto en dos minutos. En la mayoría de los rubros ese número es más bajo de lo que se supone. Y no pesa solo la cantidad: cuatro o cinco nuevas por mes valen más que un pico de treinta en una semana.

Sí, y conviene hacerlo con método. Lo que no se puede es comprarlas, escribirlas desde adentro o incentivarlas con descuentos: son las tres formas más rápidas de que la ficha quede suspendida. Lo que funciona es pedirlas en el momento en que el cliente está conforme, con un enlace directo guardado en el celular de quien atiende, y responder todas. En rubros con datos sensibles, como salud, se pide opinión sobre la atención y nunca sobre el caso.

El paquete local empieza a moverse entre las cuatro y las ocho semanas, y es el servicio más rápido de todo lo que ofrecemos. La ficha se corrige en días y ese solo arreglo ya cambia cuántas veces aparecés. Las reseñas trabajan en trimestres, porque dependen del ritmo de tus clientes. La medición seria empieza al tercer mes, cuando hay serie suficiente para comparar contra la línea de base.

Es el bloque de tres negocios con mapa que Google muestra arriba de los resultados cuando la búsqueda tiene intención de cercanía, del tipo «gomería cerca» o «dentista en Santa Fe». Se arma con las fichas de empresa, no con los sitios web, y tiene un ranking propio donde pesan la distancia, la relevancia de la categoría y la prominencia del negocio. Se puede estar primero ahí y no aparecer en los resultados orgánicos de más abajo.

Sirve menos, y conviene saberlo antes de contratarlo. Si tu comprador está en otra provincia y decide por especificación técnica, la búsqueda no tiene intención de cercanía y el paquete local casi no aparece. Ahí el trabajo es de posicionamiento orgánico y contenido. La ficha igual se ordena, porque es una fuente de confianza y aparece cuando buscan tu marca, pero no va a ser el canal que traiga las consultas.

La ficha es siempre del negocio, nunca de la agencia, y conviene preguntarlo antes de firmar con cualquiera. Trabajamos sobre la ficha que ya existe, con acceso delegado desde la cuenta de la empresa, y lo mismo con el sitio y las citas: todo se publica a nombre del negocio. Si algún día dejamos de trabajar juntos, se quita nuestro acceso y no cambia nada más: la ficha, las reseñas, las fotos y el historial siguen donde estaban. Cuando la ficha fue creada con el correo de una agencia, el día que te vas perdés años de reseñas que no se pueden recuperar.

Se responde el mismo día, en tono sobrio y sin discutir el caso en público. Una reseña mala bien contestada convence más que veinte de cinco estrellas, porque el que está comparando lee la respuesta para ver cómo trata la empresa un problema. Google solo elimina lo que viola sus políticas —insultos, spam, competencia o alguien que nunca fue cliente—, así que se puede reportar, pero la mayoría de las malas no se saca. Lo que sí funciona es diluirla: cuatro o cinco reseñas nuevas por mes bajan su peso en poco tiempo y corren la fecha hacia abajo.

Sí: Google tiene un tipo de ficha para negocios que atienden en el domicilio del cliente, sin dirección pública. Se carga el área de servicio —las localidades o el radio donde trabajás— y la dirección queda oculta. Es el caso de plomeros, electricistas, fletes, servicio técnico a domicilio y oficios en general. Dos advertencias: la ficha sin dirección visible suele perder posiciones a medida que la búsqueda se aleja del centro del área declarada, y poner una dirección falsa o la casa de un familiar es el camino más rápido a que la suspendan.

Entre dos y cuatro horas el primer mes, y alrededor de una hora por mes de ahí en adelante. El arranque se va en juntar lo que solo tenés vos: servicios y zonas reales, horarios, accesos y fotos del trabajo hecho. Después queda una sola tarea que es diaria y dura segundos: que quien atiende le pase el enlace de reseña al cliente que quedó conforme. Esa parte no la podemos hacer nosotros y es la que define el resultado. La ficha, las citas, el contenido, las respuestas a reseñas y la medición corren por nuestra cuenta.

Pedimos tres meses y después queda mes a mes. No es una traba comercial: la ficha se corrige en días, pero las reseñas y las citas trabajan en trimestres, y cortar a mitad de camino es pagar el arranque sin llegar a ver lo que devuelve. Tampoco tiene sentido atar a nadie por un año. Si a los tres meses no entran más llamadas ni más mensajes desde la ficha que en la línea de base, lo que hay que revisar es el diagnóstico, no renovar. Todo lo que se construye queda en el negocio aunque el trabajo se corte.

Si ya estás primero en el paquete local de tu zona, lo que te falta casi nunca es visibilidad. Antes de contratar nada conviene mirar dos cosas: cuántas de las consultas que entran por la ficha terminan en trabajo, y si aparecés primero en todas tus búsquedas o solo en la del servicio por el que te conocen. Si se pierden consultas después del contacto, el dinero rinde más ordenando el seguimiento comercial. Si aparecés por un servicio y no por los otros tres que hacés, ahí sí hay trabajo, y es de ficha y contenido, no de publicidad.

Miremos tu ficha y la de los tres primeros

En media hora se ve cuántas reseñas tienen, qué categoría usan y qué te falta para entrar al paquete local de tu zona.

Sin compromiso, y con el detalle de qué haríamos en las primeras cuatro semanas.

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