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Capacitación en atención al cliente

La atención al cliente no es amabilidad: es un proceso con tiempos, criterios y registro. Entrenamos al equipo que atiende sobre las conversaciones reales de la empresa, y semanas después volvemos a mirar si la conducta cambió o si volvió a ser la de siempre.

Casi toda la capacitación del rubro entrena actitud; el problema es de conducta

Mapeamos 25 consultas comerciales en el mercado local de Santa Fe y 13 quedaron sin ninguna respuesta. No tardía ni incompleta: sin respuesta. En ninguna de esas empresas hay gente maleducada. Hay gente ocupada, sin un criterio escrito de quién contesta qué y en cuánto tiempo.

Por eso una capacitación de escucha activa y empatía deja al equipo motivado el viernes y sin nada distinto que hacer el lunes. La actitud no es el cuello de botella. Lo que falta se ve en cosas que se pueden contar:

  • Nadie sabe cuánto tarda hoy la empresa en dar la primera respuesta, por ningún canal
  • La respuesta que recibe el cliente depende de a quién le tocó atender
  • Todo lo que se sale de lo habitual escala al dueño, incluso lo que no debería
  • El cliente derivado vuelve a contar el problema desde cero al segundo que lo atiende
  • De un reclamo resuelto no queda registro, y el mes siguiente vuelve a pasar lo mismo

Acá está el contenido del tema: qué se entrena y qué se hace distinto el lunes. Cómo trabajamos —relevamiento, taller sobre casos propios, compromisos y revisión posterior— está en capacitación comercial.

Qué se entrena

El temario sale del relevamiento y casi nunca entran las siete filas: entran cuatro o cinco. Acá el relevamiento tiene una parte propia: leemos conversaciones reales de las últimas semanas y los reclamos del último trimestre, con el consentimiento de la dirección.

Primer contacto y tiempo de respuestaQué tiempo es aceptable en cada canal y qué se contesta cuando no se puede resolver en el momento
Los primeros dos minutosQué se pregunta y qué no, para entender el pedido real sin que parezca un interrogatorio
El guion que no suena a guionUna estructura común para que la respuesta no dependa de quién atendió
El «no» y el reclamoCómo se dice que algo no se puede, y cómo se recibe una queja sin defenderse ni prometer de más
La derivaciónA quién pasa qué y con qué información, para que el cliente no tenga que volver a contar todo
El registroQué queda anotado de cada contacto y qué decisión habilita después
El cliente que ya compróRecontacto, posventa y pedido de reseña, uno por uno y a los pocos días del trabajo

El reclamo es el momento donde más se juega, y es el que nadie entrena

Frente a una queja, la reacción por defecto de casi cualquiera es explicar por qué la empresa tiene razón. El cliente que reclama no pide un veredicto: pide que alguien entienda qué le pasó y le diga qué va a pasar ahora y cuándo.

Se entrena en tres movimientos, practicados en la sesión con reclamos reales de la empresa: reconocer el hecho sin discutirlo, decir qué se puede hacer y qué no con el plazo puesto, y dejar registrado qué se prometió. El tercero evita que un reclamo bien atendido se caiga a los dos días.

Lo mismo vale para el «no». Decir que algo no se puede, que no llega para esa fecha o que ese precio no existe es parte del trabajo, y dicho con criterio sostiene más clientes que la improvisación amable. El equipo sale del taller con las negativas que más repite ya escritas, con la alternativa que ofrece en cada una.

Lo que pedimos antes de cotizar

  • Por qué canales entran los contactos y quién atiende cada uno
  • Cuánto se tarda hoy en dar la primera respuesta
  • Dónde queda registrado un contacto, si queda
  • Los reclamos del último trimestre y qué se hizo con cada uno
  • Veinte conversaciones reales de las últimas semanas

Lo que se puede verificar semanas después

El tiempo de primera respuesta

Con el número puesto por el equipo, no por nosotros, y distinto en cada canal. Es la conducta más barata de corregir.

Que el contacto quede registrado

Toda consulta y todo reclamo en un solo lugar, con fecha, origen y estado. Sin registro no hay nada que revisar a los dos meses.

Que se pida la reseña

Uno por uno y a los pocos días. El negocio mejor posicionado del paquete local de Santa Fe capital tiene ocho reseñas: mueve más que cualquier campaña.

Dónde termina la capacitación y empieza el servicio

Entrenar al equipo que atiende es una cosa; montar el circuito por el que atiende es otra, y es un servicio. El CRM, las plantillas, los automatismos, la ficha de Google y la organización de los canales los podemos hacer nosotros, pero eso está en proceso comercial y seguimiento y en marketing local, y se cotiza aparte. Mezclar las dos cosas hace que ninguna termine bien.

La capacitación entrena el uso y deja el criterio escrito. Si en el relevamiento aparece que no hay dónde registrar un contacto, lo decimos y proponemos resolver eso primero, aunque sea con una planilla.

Y hay un caso en el que directamente no empezamos por acá. Si el problema es que no entran consultas, la capacitación no es el primer paso. Atender mejor cinco consultas por semana sigue siendo cinco consultas por semana.

Seguí por acá

Los lugares desde donde se suele mirar este tema.

Preguntas frecuentes

Las que más nos hacen cuando el pedido llega por atención al cliente.

Sí, y es el caso más frecuente en este programa. Administración, mesa de entradas, recepción y posventa no cierran operaciones, pero deciden si el cliente vuelve y si recomienda. Con equipos así el temario se corre: pesa más el tiempo de respuesta, la derivación y el manejo del reclamo, y desaparece todo lo que sea cierre o negociación. Lo que no cambia es que se entrena sobre los contactos reales de esa empresa.

En la mayoría de los casos que vemos, lo anterior falló por una de tres razones: fue una charla motivacional, se entrenó sobre ejemplos ajenos, o nadie miró a las semanas si algo había cambiado. Acá se trabaja con conversaciones y reclamos propios, sale una lista de compromisos con responsable y fecha, y hay una revisión posterior. Si falló por una cuarta razón, conviene saberla antes de repetir.

El formato habitual son dos o tres encuentros de unas tres horas, espaciados por una o dos semanas, más una revisión posterior. De punta a punta suelen ser cuatro a seis semanas. Entre un encuentro y el siguiente el equipo aplica y trae lo que le pasó, que es donde efectivamente se aprende. Lo que alarga el programa es cuánto relevamiento haga falta antes de diseñar.

Con reclamos reales de la empresa, no con casos de manual. Se leen los del último trimestre, se identifican los tres o cuatro motivos que más se repiten y se practica la respuesta en la sesión, en voz alta y delante del resto. De ahí sale lo que queda escrito: qué reconoce quien atiende, qué puede ofrecer sin consultar, a partir de dónde escala y qué plazo promete.

No. La capacitación entrena el uso y deja el criterio escrito; la implementación de herramientas es un servicio y se cotiza aparte. Son dos trabajos distintos y mezclarlos hace que ninguno se termine bien. Del taller sí salen los textos: el primer mensaje, las negativas frecuentes y el pedido de reseña quedan redactados por el propio equipo. Cargarlos en la herramienta es después.

Garantizamos que el equipo sale con un criterio común escrito y una lista de compromisos con responsable y fecha, y que volvemos semanas después a revisar cuáles se cumplieron. Lo que no prometemos es un resultado comercial: depende también de cuántas consultas entren, del precio y del producto. Lo que sí se comprueba a las semanas es si bajó el tiempo de primera respuesta y si los contactos quedan registrados.

Empecemos por las últimas veinte consultas y los últimos cinco reclamos

Cuánto tardó en responderse cada una, quién la atendió y qué quedó anotado. Es media hora de trabajo y suele ser la conversación más útil del proceso.

La reunión de encuadre no tiene costo. De ahí sale el temario, y recién después el presupuesto.

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