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Entrenamos al equipo sobre sus propias operaciones abiertas y sobre las que perdió. Sin frases hechas ni técnicas de presión: si hay que apretar al final es porque algo se hizo mal antes, y eso es lo que se corrige.
Negociación y cierre es el tema que más se pide por nombre y el que peor se enseña. Lo que suele ofrecerse son trucos: frases para rematar, técnicas de presión, el cierre por alternativa. En una operación real sirven para que alguien diga que sí y después no atienda el teléfono.
La operación se define en la calificación y en el seguimiento, no en la última reunión. A esa reunión se llega sabiendo si hay plata asignada, si hay fecha y si está la persona que decide; o no se llega. Cuando hay que apretar al final es porque ninguna de esas tres cosas se averiguó a tiempo.
Es un tema dentro de la capacitación comercial in company: mismo formato, con el temario concentrado en el tramo final del proceso.
El temario sale del relevamiento, pero estas son las piezas con las que trabajamos cuando el foco es negociación y cierre. En un programa entran cinco o seis, no las nueve, y se entrenan sobre conversaciones que el equipo tuvo esta semana.
| Las preguntas que califican | Presupuesto, plazo, quién decide y qué pasa si no hacen nada. Sin esas cuatro respuestas no hay negociación: hay esperanza |
| Quién decide de verdad | Cómo se detecta sin incomodar, y qué hacer cuando el que está enfrente no es esa persona |
| Presentar el precio | Cuándo se dice y cómo. Por qué mandar un presupuesto por mail sin conversarlo es regalar la operación |
| Las objeciones reales del rubro | No la lista genérica: las cinco o seis que ese equipo escucha cada semana, relevadas antes y entrenadas con las palabras del cliente |
| «Lo voy a pensar» | Qué significa según lo que pasó antes, y cómo se convierte en un paso concreto con fecha |
| Concesiones y margen | Qué se puede dar, qué se pide a cambio y hasta dónde llega el margen. Un descuento sin contrapartida enseña a pedir descuento |
| Pedir el compromiso | La diferencia entre cerrar y acordar el paso siguiente, y por qué las dos cosas valen |
| El presupuesto que no vuelve | Qué se hace, cuántas veces se vuelve y con qué motivo legítimo para llamar |
| La operación perdida | Cómo se registra el motivo real, no el cómodo, y qué se hace con ese cliente más adelante |
«Está caro» suele ser la forma educada de decir otra cosa. Cuando reconstruimos operaciones perdidas con un equipo, detrás de esa frase aparece casi siempre una de tres: no se entendió qué se compraba, no era el momento, o quien decide nunca estuvo en la conversación.
Distinguir cuál es se entrena, y es la parte más útil del programa, porque cada una pide una respuesta distinta. Si no se entendió el valor hay que volver atrás. Si no es el momento se acuerda una fecha real. Si falta quien decide, la reunión siguiente se arma con esa persona.
Por eso el ejercicio central es tomar cinco operaciones perdidas por precio y revisar qué se sabía de cada una antes de cotizar. En general falta el mismo dato en casi todas, y ese dato es el programa.
«¿Lo querés el martes o el jueves?» cuando el cliente todavía no dijo que sí. Con el que ya decidió sobra, y al resto lo empuja.
Plazos que vencen mañana sin motivo. Uno real se explica y se sostiene; uno inventado se descubre y cuesta la operación siguiente.
Un vendedor leyendo un libreto suena a eso. Entrenamos preguntas y criterios; cada uno los dice con sus palabras.
Si el equipo cierra poco porque llegan pocas oportunidades, entrenar el cierre no lo arregla. Con tres consultas por mes se puede negociar impecable y facturar igual de poco. Eso aparece en el relevamiento y lo decimos antes de vender el programa: se trabaja con demanda local o con proceso comercial.
Si llegan muchas pero mal calificadas, el problema está más arriba: a quién se le habla y con qué criterio. Eso es prospección. Y si nadie sabe cuántas operaciones hay abiertas ni qué pasó con las de marzo, primero se ordena el registro: CRM y seguimiento.
La otra frontera, de frente: acá entrenamos a la gente de la empresa para que negocie y cierre mejor. Si lo que se busca es que el trabajo comercial lo hagamos nosotros, eso es un servicio y está en otra página. Con varios frentes abiertos conviene empezar por una consultoría.
Los temas que aparecen pegados a este en el relevamiento.
Las que más aparecen cuando el pedido llega como «necesitamos que cierren más».
Enseñamos a pedir el compromiso, que no es lo que suele buscarse con ese nombre. El cierre por alternativa, la urgencia inventada y las frases para rematar no entran en el programa: funcionan con quien ya había decidido comprar y arruinan la conversación con el resto. Lo que sí se entrena es cómo se pide una decisión de manera directa, y cómo se propone un paso siguiente con fecha cuando esa decisión no está.
Primero averiguando si el precio es la objeción, porque en la mayoría de los casos no lo es. «Está caro» puede significar que no se entendió qué incluye, que no es el momento o que quien aprueba no participó de la conversación. Cada una se responde distinto y ninguna con un descuento. En el taller el equipo trabaja sobre sus propias operaciones perdidas por precio, y casi siempre el problema estaba tres pasos antes.
Sí, y suele ser el grupo donde más se nota, porque llega con material propio. No necesitan que les expliquen qué es una objeción: necesitan ver que sus últimas cinco operaciones perdidas comparten un dato que nadie averiguó. Eso no se discute en abstracto, se ve. Lo que sí pedimos es que la dirección participe: hasta dónde llega el margen y qué se puede conceder son decisiones que el vendedor no toma solo.
En general dos o tres encuentros de unas tres horas, espaciados por una o dos semanas, más una revisión posterior. El espacio entre uno y otro no es un detalle de agenda: en el medio el equipo aplica lo acordado sobre operaciones reales y trae al siguiente lo que le pasó. Cuántos hacen falta sale del relevamiento. La condición que ordena el formato es que todos puedan practicar sobre lo suyo durante la sesión.
No, y desconfiaríamos de quien lo garantice. La tasa de cierre depende del precio, del producto, de la competencia y del momento del mercado, y nada de eso lo controlamos. Lo que sí se puede comprobar a las semanas es si el equipo trabaja distinto: si pregunta por presupuesto y por quién decide antes de cotizar, si el precio se conversa, si cada operación abierta tiene un próximo paso con fecha.
No publicamos precios, pero sí de qué depende. Se cotiza el programa completo —relevamiento, diseño sobre casos propios, encuentros, corrección y seguimiento—, no la jornada dictada. Lo que más mueve el número es cuánta gente participa, si hay que viajar y cuánto relevamiento hace falta antes de diseñar, que en este tema incluye reconstruir conversaciones reales. Para cotizar alcanza con media hora y, si es posible, los cinco casos perdidos.
Las revisamos juntos y miramos qué se sabía de cada una antes de cotizar: presupuesto, plazo, quién decidía. En general falta el mismo dato, y ahí está el temario.
La reunión de encuadre no tiene costo. De ahí sale el programa y después el presupuesto.
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