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Agencia de diseño web para empresas

Hacemos sitios pensados para que alguien haga algo: pedir un presupuesto, reservar un turno, descargar una ficha técnica. Primero la arquitectura, después el contenido, y la medición desde el primer día. La estética importa, pero es la parte que menos define el resultado.

Un sitio lindo sin arquitectura no vende

La mayoría de los sitios que nos piden rehacer no tienen un problema de diseño: tienen un problema de estructura. Se ven bien, cargan aceptablemente y aun así nadie llega a la página del servicio que la empresa quiere vender, porque esa página no existe o está a tres clics de la home.

Antes de hablar de colores preguntamos otras tres cosas: qué páginas tiene que tener el sitio y cómo se relacionan entre sí, qué dice cada una y a quién le habla, y cómo vamos a saber qué pasa adentro. Resuelto eso, la estética es la parte más fácil del proyecto.

Ese orden vale también para las páginas por ciudad o por zona, que es lo que más nos piden multiplicar. Una página por localidad se sostiene solo si dice algo propio de esa plaza: qué rubros mandan, cómo se compra ahí, con qué se compite. Si son todas la misma con el nombre cambiado, se pisan entre sí y el sitio termina con más páginas y menos visitas que antes.

Las cuatro decisiones que definen si un sitio sirve

Arquitectura

Qué páginas existen, cómo se llaman las URLs y qué enlaza con qué. Se define antes de diseñar, porque después cambiarla significa rehacer el sitio.

Contenido

Qué dice cada página, con qué argumento y en qué orden. Es lo que se lee y lo que Google indexa. También es lo que más demora.

Base técnica

Velocidad, funcionamiento en teléfono, títulos y metadatos, redirecciones de lo viejo. No suma clientes por sí sola, pero su ausencia los resta.

Medición

Eventos de formulario y de WhatsApp, origen del tráfico y páginas que convierten. Un sitio sin medición no se puede mejorar: solo se puede opinar sobre él.

Diseño web · Las cuatro decisiones que definen si un sitio sirve

El contenido es cerca del 70 % del trabajo, y es lo que más demora

En un proyecto web el diseño se resuelve en semanas y el contenido se estira meses. No porque escribir sea lento, sino porque escribir obliga a decidir: qué vende la empresa exactamente, a quién, con qué argumento, qué se dice del precio y qué no, qué diferencia hay entre dos servicios que hasta ahora se explicaban de palabra.

Cuando un proyecto planificado en ocho semanas termina en seis meses, casi nunca es por el diseño. Es porque los textos, las fotos y las fichas técnicas quedaron esperando a que alguien de la empresa tuviera una tarde libre, y esa tarde no llega en temporada.

Por eso trabajamos el contenido nosotros, sobre entrevistas al equipo comercial y al dueño, y lo devolvemos para aprobar. Es más rápido que pedir textos y esperar: el que sabe lo que hay que decir casi siempre es el que menos tiempo tiene para escribirlo.

Qué necesitamos de tu lado para que el proyecto no se estire

Esta lista es la diferencia entre un sitio publicado en ocho semanas y uno publicado en seis meses. La revisamos en la primera reunión y decimos con claridad qué falta.

Una persona que decideAlguien con autoridad para aprobar textos y estructura. Los proyectos con cinco opinantes y ningún decisor son los que se estancan
Fotos propiasDe la planta, del equipo, del producto terminado. El banco de imágenes se nota y le quita credibilidad a la empresa que más creíble debería parecer
Definición de qué se vendeEl listado de servicios o productos como se venden hoy, no como figuran en el sistema de facturación
Material técnicoFichas, catálogos, medidas, certificaciones. En B2B es lo que hace que el sitio sirva para trabajar, no solo para mirar
AccesosDominio, hosting, ficha de Google y cuentas de medición. Si nadie sabe dónde está el dominio, buscarlo suele llevar más tiempo que el diseño
Dos horas de entrevistaCon quien vende. De ahí sale el contenido, y no hay forma de reemplazarlo por un formulario

Cómo trabajamos, y en cuánto tiempo

Un sitio institucional de entre diez y veinte páginas lleva entre seis y doce semanas, y el rango es tan ancho por una sola razón: el contenido. Las etapas son estas y se aprueban una por una.

  • Arquitectura y mapa de URLs: 1 a 2 semanas. Qué páginas hay, cómo se llaman y qué se redirige de lo viejo
  • Contenido: 2 a 6 semanas. Entrevistas, redacción y aprobación. La etapa que define el plazo total
  • Diseño y armado: 2 a 4 semanas, en paralelo con lo anterior una vez aprobada la estructura
  • Medición y publicación: 1 semana. Eventos, Search Console, redirecciones y control en teléfono

No trabajamos con plantilla cerrada ni con maquetas que después no se pueden tocar. El sitio queda en un gestor que tu equipo puede editar, con la estructura documentada para que sumar una página nueva dentro de un año no requiera llamarnos.

Publicar no es terminar

El día que un sitio se publica no se sabe todavía si funciona. Se sabe a los sesenta o noventa días, cuando hay datos de qué páginas se leen, desde dónde llega la gente y cuántas consultas entraron.

Por eso dejamos la medición configurada antes de publicar y no después. Un sitio que lleva seis meses en línea sin eventos de conversión es un sitio del que no se puede afirmar nada, ni bueno ni malo.

Si querés que además el sitio aparezca en las búsquedas de tu rubro, eso es otro trabajo y conviene decirlo: el diseño web resuelve qué pasa cuando alguien llega, el posicionamiento resuelve que llegue.

Lo que dejamos funcionando

  • Eventos de formulario, teléfono y WhatsApp
  • Search Console y sitemap enviados
  • Redirecciones de todas las URLs viejas
  • Control en teléfono, que es donde entra la mayoría
  • Un documento con la estructura y los accesos
Diseño web · Diseño web por ciudad

Preguntas frecuentes

Lo que más nos preguntan antes de arrancar un sitio.

Depende de tres cosas y ninguna es el diseño: cuántas páginas tiene el sitio, quién escribe el contenido y si hay funciones especiales como tienda, reservas o integración con un sistema. Un sitio institucional de diez páginas con contenido redactado por nosotros y un catálogo simple está en otro orden que una tienda con stock sincronizado. No publicamos una lista porque cotizar sin ver el alcance es inventar un número. En media hora de reunión sale el alcance y con eso cotizamos por escrito.

Entre seis y doce semanas para un sitio institucional de diez a veinte páginas. La arquitectura lleva una o dos semanas, el contenido entre dos y seis, y el armado, la medición y la publicación entre tres y cinco. La variable que mueve el plazo es siempre el contenido: si las fotos existen y hay quien apruebe textos en el día, se cumple el piso; si hay que producir todo desde cero y las aprobaciones tardan una semana cada una, se va al techo.

Los escribimos nosotros, a partir de entrevistas con quien vende. Pedirle los textos al cliente es la causa número uno de proyectos que se estiran: la persona que sabe qué decir suele ser la que menos tiempo tiene para sentarse a escribirlo. Lo que sí necesitamos del lado de la empresa es información técnica, precios de referencia si se van a publicar, y una revisión final de lo que escribimos. Eso lleva horas, no semanas.

Un sitio bien hecho aparece por el nombre de la empresa en pocos días, y eso es lo mínimo. Aparecer por lo que la empresa vende, cuando alguien que no la conoce lo busca, es otro trabajo: se llama posicionamiento y se mide en meses. Lo que sí hacemos en todo proyecto web es dejarlo indexable, con títulos escritos, estructura clara, velocidad razonable y las redirecciones del sitio viejo, que es lo que evita perder lo que ya estaba posicionado.

Si la estructura sirve y el problema es estético o de velocidad, conviene arreglar: sale menos y no se pierde historial. Si el sitio no tiene una página por cada cosa que la empresa vende, si las URLs son ilegibles o si hay contenido duplicado, rehacer termina siendo más barato que parchar. La señal más clara es esta: cuando querés enlazar un servicio y no existe la página, el problema es de arquitectura y no se arregla con un rediseño.

Trabajamos sobre WordPress en la mayoría de los proyectos, por una razón práctica: el equipo del cliente puede editar sin depender de nosotros y hay quien lo mantenga si algún día cambiamos de proveedor. El desarrollo a medida tiene sentido cuando hay una integración con un sistema propio, un configurador de producto o un volumen que una plantilla no sostiene. Es una decisión de costo y de mantenimiento, no de calidad: los dos caminos hacen sitios buenos y sitios malos.

El dominio, el hosting y el sitio quedan a nombre de tu empresa, no del proveedor. El dominio se registra con los datos de la empresa y la titularidad es tuya; el hosting se contrata a tu nombre aunque lo configuremos nosotros; y el sitio, con sus textos, sus fotos y su estructura, es tuyo desde el día que se publica. Nosotros entramos como usuarios, no como dueños. Conviene revisarlo antes de firmar con cualquiera: la forma más común de quedar atado a un proveedor no es un contrato, es un dominio registrado a nombre de otro.

Si dejamos de trabajar juntos te quedás con el sitio completo y cualquier otro proveedor puede continuarlo. Se entregan los accesos —dominio, hosting, gestor del sitio y cuentas de medición— junto con el documento de estructura, donde está escrito cómo está armado y qué hace cada parte. Como trabajamos sobre herramientas estándar y no sobre un sistema propio, otra agencia o un desarrollador independiente lo toma sin rehacerlo. No hay licencias que venzan ni partes del sitio que dejen de funcionar si dejás de pagarnos. Es de las primeras cosas que conviene preguntar en cualquier presupuesto web.

El sitio queda en un gestor que tu equipo puede usar sin saber programar. Cambiar un texto, subir una foto, sumar un producto o publicar una nota son tareas de minutos; al entregar hacemos una reunión de traspaso donde se muestra cómo se edita cada parte y queda el documento de estructura. Lo que conviene no tocar sin avisar es la arquitectura —crear páginas nuevas, cambiar URLs, borrar las viejas—, porque ahí se rompen enlaces y se pierde lo que estaba indexado. Si querés sumar una sección dentro de un año, media hora de conversación evita tener que arreglar después.

El diseño se aprueba por etapas, justamente para que nadie llegue al final con un sitio que no le gusta. Primero se aprueba la arquitectura, después la maqueta de la home y de una página interna, y recién con eso cerrado se arma el resto. Los ajustes se trabajan sobre esas maquetas, que es donde cambiar algo cuesta una tarde y no un rediseño. Cuando alguien rechaza un sitio entero al final, casi siempre es porque se salteó la aprobación de la estructura y se discutió color mientras el problema real era qué dice cada página.

Rehacer un sitio no hace perder posiciones si se redirigen bien las URLs viejas, y es exactamente ahí donde se falla. Antes de tocar nada se releva qué páginas existen, cuáles reciben visitas y por qué términos, y cada una se redirige a su equivalente en el sitio nuevo. Lo que traía tráfico se mantiene; lo que no servía se da de baja a propósito. Es normal ver un movimiento de dos a seis semanas mientras Google reindexa, y después se acomoda. Si alguien te propone rehacer un sitio sin hablar de redirecciones, cambiá de proveedor.

Si no vas a cobrar en el sitio, un catálogo alcanza y cuesta bastante menos que una tienda. Sirve cuando el producto se cotiza, cuando el precio depende de la cantidad o del flete, o cuando la venta se cierra por WhatsApp o con un vendedor: ahí la tienda agrega complejidad —stock, pagos, envíos, devoluciones— sin cambiar cómo se vende. La tienda se justifica cuando hay precio público estable, stock que alguien mantiene actualizado y una persona atendiendo pedidos todos los días. En B2B, la mayoría de las veces conviene catálogo con ficha técnica y pedido de presupuesto.

Para un proyecto chico y simple, una plataforma cerrada como Wix o Tiendanube puede alcanzar, y lo decimos aunque no sea lo que hacemos. Resuelven hosting, seguridad y actualizaciones sin que nadie se ocupe, y para un sitio de cinco páginas o una tienda sencilla eso vale plata y tiempo. Los límites aparecen después: el sitio vive adentro de esa plataforma y no se puede mudar sin rehacerlo, el abono es para siempre y lo que la plataforma no permite no se agrega. Trabajamos sobre WordPress por eso mismo: si algún día querés cambiar de proveedor, te llevás el sitio.

Contanos qué tenés hoy y qué querés que pase

Media hora alcanza para decirte si tu sitio necesita rehacerse o arreglarse, y qué contenido va a hacer falta de tu lado.

Si después de esa conversación la conclusión es que no hace falta un sitio nuevo, te lo decimos igual.

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