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Capacitación comercial para talleres, repuesteras y posventa

Entrenamos a los que atienden el mostrador, reciben los vehículos y contestan el WhatsApp. En posventa la urgencia se gana el mismo día, pero el negocio se hace con el cliente que vuelve, y eso es lo que casi nadie trabaja.

El mostrador vende bien la urgencia y no vende nada más

En posventa hay dos negocios y casi siempre se trabaja uno solo. El primero es la urgencia: se rompió algo, la persona busca, compara tres lugares y le escribe al que le inspira más confianza. Ese lo atiende cualquier mostrador, porque el cliente viene empujado por el problema.

El segundo es la recurrencia, y ahí el taller tiene una ventaja que ningún otro rubro tiene: sabe la patente, el kilometraje y la fecha del último trabajo de cientos de clientes. El service tiene fecha. Los frenos tienen kilómetros. Esa información ya está cargada en el sistema y nadie la usa para escribirle a nadie.

No es un problema de sistemas ni de gente. Es que nadie tiene el turno a cargo: quién avisa, cuándo, con qué mensaje y qué se hace si el cliente no contesta. Eso es lo que se entrena acá.

Cómo trabajamos —relevamiento, taller sobre casos propios, compromisos y revisión posterior— está en capacitación comercial.

Qué se entrena

El temario sale del relevamiento, y en posventa el relevamiento tiene dos partes: escuchamos cómo se atiende el mostrador y el teléfono un par de días, y miramos la base de vehículos que ya pasaron por el taller.

La consulta que entra por WhatsAppQuién contesta, en cuánto tiempo y qué se responde cuando no se puede dar un precio sin ver el vehículo
El diagnóstico como argumentoExplicar qué se revisó y por qué, en criollo. Es lo único que separa al taller del de al lado
El adicional que aparece en la revisiónCómo se avisa, cómo se justifica y cómo se autoriza sin que el cliente sienta que le están inventando trabajo
El presupuesto que no vuelveQué se hace con el que pidió precio y desapareció: cuándo se vuelve a escribir y con qué
Mostrador de repuestosPreguntar el modelo y el año antes de dar un número, ofrecer la alternativa y no perder la venta por falta de stock de una marca
Venta cruzada honestaLo que conviene revisar aprovechando que el vehículo está arriba, dicho como recomendación y no como relleno
Recordatorio de serviceEl aviso por kilometraje o por fecha: a quién, cuándo, con qué mensaje y quién lo manda
Recuperación del cliente dormidoEl que entró dos veces y hace un año que no vuelve. Es la lista más rentable y la que nadie mira

La base de clientes es el activo, no la campaña

Un taller con quinientos vehículos en el sistema tiene una lista de quinientas personas que ya confiaron una vez y ya saben dónde queda. Conseguir un cliente nuevo cuesta muchas veces más que hacer volver a uno de esos, y sin embargo casi toda la energía se va en el nuevo.

La razón habitual es honesta: el mostrador está lleno y no hay tiempo. Por eso el trabajo empieza por lo más simple que se pueda sostener, aunque sea media hora por semana, y con una persona a cargo. Una lista de los que tienen el service vencido, un mensaje que no parezca spam, y un lugar donde anotar quién contestó.

El primer compromiso que sale de casi todos estos programas es medible y chico: que cada vehículo que sale del taller tenga fecha de próximo contacto, y que alguien sea el responsable de esa lista.

Lo que pedimos antes de cotizar

  • Cuántas consultas entran por semana y por qué canal
  • Quién atiende el mostrador y quién el WhatsApp
  • Cuántos vehículos distintos pasaron en el último año
  • Si el sistema guarda patente, kilometraje y fecha de trabajo
  • Cuántas reseñas tiene la ficha de Google
  • Veinte conversaciones reales de las últimas semanas

Para qué tipo de negocio es

Talleres mecánicos y de especialidad

Mecánica general, chapa y pintura, gomerías, servicios de aire, electricidad del automotor. Donde el turno es el producto y la agenda es la caja.

Casas de repuestos y accesorios

Mostrador más teléfono más WhatsApp, con un catálogo enorme y consultas que llegan sin el dato del modelo. Se gana o se pierde en las preguntas.

Concesionarias, del lado de posventa

Service, repuestos y taller. El área que sostiene la rentabilidad del año y que suele quedar atrás del área de ventas de unidades.

El formato que mejor funciona acá

Los equipos son chicos y no se puede cerrar el taller. Por eso se trabaja en encuentros cortos, espaciados, fuera del horario de mayor movimiento, y en negocios que no pueden parar se hace en dos tandas con la mitad del equipo cada vez.

Entre un encuentro y el siguiente el equipo aplica y trae lo que le pasó. Ahí es donde efectivamente se aprende: las conversaciones de esa semana valen más que cualquier ejemplo inventado.

Si además el problema es que entran pocas consultas, la capacitación no es el primer paso. La ficha de Google, las reseñas y la presencia local devuelven antes en este rubro, porque la urgencia se busca en el celular y se elige en el mapa. Eso está en programas de marketing local.

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Preguntas frecuentes

Sí, y es donde más rápido se nota. Con tres personas no hace falta un programa largo: alcanza con dos encuentros y una revisión a las semanas, trabajando sobre las conversaciones y los trabajos reales del taller. Lo que cambia en un equipo chico es que no hay a quién delegar, así que los acuerdos tienen que ser realistas: quién contesta en qué franja y qué se hace cuando están todos con un vehículo arriba.

A los dos, y no en el mismo momento. El mostrador y la recepción trabajan sobre la conversación: qué se pregunta, qué se responde, cómo se explica un adicional. Con el dueño o el encargado se define lo que no puede quedar librado a cada uno: tiempos de respuesta, quién carga los datos del vehículo y quién sigue la lista de service vencido. Sin esa segunda parte, lo del mostrador dura tres semanas.

Con los trabajos reales de la última semana. Se toma un presupuesto que se amplió, se reconstruye qué pasó y se arma la forma de contarlo: qué se revisó, qué se encontró, qué pasa si no se hace y qué pasa si se posterga. El error más común no es cobrar de más, es avisar tarde y sin fotos. Un cliente que ve la pieza y entiende el riesgo autoriza; uno que recibe un número por teléfono, sospecha.

No. La capacitación entrena el uso y deja escrito el criterio; la implementación de herramientas se cotiza aparte. Es una separación que hacemos a propósito. Si en el relevamiento aparece que no hay dónde registrar un vehículo o una consulta, lo decimos y proponemos resolver eso primero, aunque sea con una planilla.

Entonces la capacitación no es lo primero. En posventa la urgencia se busca en el celular y se decide mirando la ficha de Google, las reseñas y si el negocio contesta. Ordenar eso devuelve antes que cualquier entrenamiento. Lo decimos en la reunión de encuadre, aunque signifique no vender la capacitación en ese momento.

El formato habitual son dos o tres encuentros de unas tres horas, espaciados por una o dos semanas, más una revisión posterior. De punta a punta suelen ser cuatro a seis semanas. Lo que lo alarga es cuánto relevamiento haga falta y si hay que escribir desde cero los protocolos de atención y el circuito de recordatorios.

No entero. Los encuentros se arman fuera del horario de mayor movimiento y, en talleres que no pueden frenar, se trabaja en dos tandas. Lo que sí hace falta es que la gente esté sin atender durante la sesión: un taller con alguien saliendo cada diez minutos a contestar el teléfono no entrena a nadie, y conviene decirlo antes de fijar la fecha.

No. La facturación depende de cuántos vehículos entren, del ticket promedio y de la capacidad instalada del taller, y nada de eso lo controla una capacitación. Lo que sí se puede comprobar semanas después es si bajó el tiempo de primera respuesta, si los vehículos que salen quedan con fecha de próximo contacto y si los presupuestos que no volvieron tuvieron un segundo contacto. Son tres conductas medibles y están bajo control del equipo.

Empecemos por los vehículos que ya pasaron

Cuántos entraron el último año, cuántos volvieron y cuántos tienen el service vencido sin que nadie los haya llamado. Es una tarde de trabajo y suele ser la conversación más incómoda y más útil del proceso.

La reunión de encuadre no tiene costo. De ahí sale el temario, y recién después el presupuesto.

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