Consultoría de marketing y ventas · Santa Fe, para toda Argentina
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No es un informe con recomendaciones generales. Es la definición de qué se hace en los próximos noventa días, en qué orden y con qué se mide, escrita después de mirar tus operaciones del último año y tu presencia tal como está hoy, no como figura en el brief.
La consultoría resuelve una sola pregunta: en qué gastar los próximos noventa días. No produce campañas ni contenido. Produce una decisión fundamentada, un orden y una línea de base contra la cual medir todo lo que venga después.
Conviene cuando pasa alguna de estas tres cosas:
No conviene si ya sabés exactamente qué hay que hacer y lo que falta es ejecutarlo. En ese caso el diagnóstico es un rodeo caro: mejor ir directo al servicio que corresponda.
Todo el trabajo se ordena alrededor de tres preguntas. Parecen simples y casi ninguna empresa las puede responder con un número el primer día.
Cuántas consultas entran por mes y por dónde. Sin esa cifra no hay línea de base, y cualquier resultado posterior es una opinión. Casi siempre están repartidas entre WhatsApp, teléfono, la ficha de Google y el formulario, y nadie las suma.
Qué pasa con la que no cierra en la primera semana. Es donde se pierde la mayor parte del dinero: la consulta que entró un viernes y se contestó el martes, el presupuesto que se mandó y no se volvió a tocar, el que preguntó hace tres meses y quedó anotado en una libreta. Ninguna de las tres se ve en un informe de campañas.
Qué información hay hoy para decidir. Qué se mide, quién lo mira y cada cuánto. Una empresa que no sabe de dónde vino su mejor cliente del año no puede repetirlo a propósito.

Es un trabajo con inicio y fin, no un abono. Al terminar quedan cuatro cosas, todas por escrito y todas tuyas.
| Diagnóstico | Cómo está hoy la presencia digital, el mercado y la competencia, con lo que encontramos y de dónde salió cada dato |
| Mapa del recorrido comercial | Cómo llega hoy una consulta, por dónde pasa, cuánto tarda cada paso y en cuál se pierde |
| Plan de noventa días | Qué se hace, en qué orden, quién lo hace y qué implica. Y qué se deja explícitamente para después |
| Tablero de medición | Los cinco o seis números con los que se va a evaluar, con la línea de base del día cero |
La mayor parte de las consultas que recibimos empiezan pidiendo una de las tres y en realidad necesitan otra. No son escalones de un mismo camino: son tres trabajos distintos, con precio, duración y resultado distintos.
| Servicio | Lo hacemos nosotros, con trabajo sostenido y medición mes a mes. Sirve cuando ya está claro qué hay que hacer y lo que falta es que alguien lo haga |
| Capacitación | Entrenamos a tu gente para que lo haga ella, sobre los casos reales de la empresa. Sirve cuando hay con quién y lo que falta es método |
| Consultoría | Te decimos qué hacer, en qué orden y con qué se mide. No ejecutamos. Sirve cuando la pregunta todavía es cuál de las dos anteriores conviene, y en qué |
Son sesiones individuales de una hora, al menos una por semana durante un mes, más la investigación que hacemos por fuera de las sesiones.
El alcance se define por escrito antes de empezar y cambia con el tamaño de la empresa: donde hay un equipo comercial armado hacen falta más sesiones y más entrevistas internas, porque el recorrido de una consulta nunca coincide del todo con el que describe la gerencia.
El plan se puede ejecutar con nosotros, con tu equipo o con otro proveedor, y está escrito para que eso sea posible. Si un entregable solo sirve contratando a quien lo escribió, no es un diagnóstico: es una propuesta comercial disfrazada.
En la mayoría de los casos la primera recomendación no es aumentar la inversión en captación. Es ordenar lo que ya está entrando, que cuesta menos y devuelve antes. Recién después entran posicionamiento SEO, marketing local, Google Ads o ventas B2B, según lo que haya mostrado el diagnóstico.
Cuando el plan requiere ejecución sostenida y medición mensual, la continuidad natural es el Programa Cliente Plus. Y si la pregunta de fondo es cómo va a cambiar tu mercado, el trabajo es otro: está en implementación estratégica de IA.
Revisa el encargo, lo que se entrega y lo que se mide. La mayoría de los problemas no son de ejecución: son de encuadre que nunca se escribió.
Separa las tres capas donde se pierde la plata: qué se compra, qué pasa cuando el clic llega, y qué se está contando como resultado.
Mide qué parte de lo que se publica capta, qué parte convence y qué parte retiene. Casi siempre está todo en la primera.
Revisa si la empresa existe como entidad identificable, si su contenido responde preguntas y dónde la mencionan. Sin prometer posiciones, que en este terreno nadie puede.
Reconstruye el recorrido real de una consulta —no el que describe la gerencia— y lo compara con el que está configurado en la herramienta.
Define el conjunto chico de números que habilitan una decisión, y el circuito para que se registren —incluidos los que no salen de ninguna herramienta.
La única revisión que puede cambiar el resultado sin tocar una campaña. Empieza por lo que deja cada línea, que es la pregunta que ordena el resto.

Lo que se pregunta antes de contratar un diagnóstico.
No publicamos precios en esta etapa, pero sí de qué depende: el tamaño de la empresa, cuántas personas hay que entrevistar, cuántos canales están activos y si hay que reconstruir la información de ventas porque no está ordenada. Un negocio de una persona y una empresa con equipo comercial no llevan el mismo trabajo. Para cotizar necesitamos media hora de conversación y saber cuántas consultas entran hoy por mes.
No. La reunión inicial es gratuita, dura media hora y sirve para saber si tiene sentido trabajar juntos. La consultoría es un trabajo pago de un mes, con investigación previa, sesiones semanales y cuatro entregables por escrito: diagnóstico, mapa del recorrido comercial, plan de noventa días y tablero de medición. La diferencia práctica es que de una salís con una impresión y de la otra salís con un plan que se puede ejecutar, con o sin nosotros.
Un mes, con al menos una sesión de una hora por semana y la investigación hecha por fuera de las sesiones. En empresas con equipo comercial o con varias líneas de negocio se estira a seis semanas, porque hay más entrevistas internas. A los treinta días de entregado el plan hacemos una sesión de seguimiento para ver cómo arrancó la ejecución y corregir lo que haga falta.
Cuatro cosas: las operaciones de los últimos doce meses, accesos de lectura a analítica, ficha de Google y campañas activas, media hora con quien atiende las consultas y media hora con quien decide. La conversación con quien atiende es la que más cambia el diagnóstico, porque el recorrido de una consulta casi nunca es el que describe la gerencia. Si algo de eso no existe, lo reconstruimos, y ese hallazgo ya es parte del resultado.
Sí, y está escrito para eso. El entregable incluye qué hacer, en qué orden y con qué se mide, en un nivel de detalle que permite pedir presupuestos a terceros o repartirlo dentro de tu equipo. Un diagnóstico que solo sirve contratando a quien lo escribió no es un diagnóstico. Si al final querés que lo ejecutemos nosotros, la definición del alcance ya está hecha y es más rápida.
Sirve, y suele rendir más que en una empresa grande. En una estructura chica hay volumen suficiente para medir y margen para cambiar rápido, así que una decisión tomada en agosto se nota en octubre. Lo que no tiene sentido es contratar un diagnóstico si todavía no entra ninguna consulta y no hay nada que ordenar: en ese caso conviene empezar por la ficha de Google y volver a hablar en tres meses.
El diagnóstico lo hace la misma persona que después lo presenta, y hay un interlocutor único de punta a punta. No hay alguien que vende y otro que aparece a ejecutar: quien releva tu mercado, entrevista a tu equipo y escribe el plan es quien está en las sesiones semanales. Cuando el trabajo toca una especialidad —la medición, una cuenta de campañas activa, una ficha de Google con problemas— sumamos a quien corresponde para esa parte, y se avisa antes quién entra y para qué. Las entrevistas internas también las hacemos nosotros, no se delegan en el cliente.
Sí, y si tu empresa no tiene un modelo propio lo redactamos nosotros antes de la primera sesión. En una consultoría miramos facturación, márgenes, listas de clientes y accesos a las cuentas: nada de eso sale del trabajo ni se usa como ejemplo en otro lado. Por eso en este sitio a los clientes los describimos por rubro y nunca con nombre. Los accesos que pedimos son de lectura siempre que la plataforma lo permita, y al cerrar el trabajo se revocan: podés hacerlo vos o lo damos de baja nosotros y te avisamos.
Entre cuatro y seis horas repartidas en un mes, del lado de la empresa. Son las sesiones semanales de una hora con quien decide, media hora con quien atiende las consultas y el tiempo de juntar las operaciones del último año y dar los accesos, que suele ser lo más pesado cuando la información está en varios lados. La investigación, el relevamiento del mercado y la escritura corren por nuestra cuenta. Si el equipo comercial es grande sumamos entrevistas cortas, de veinte minutos cada una, y las coordinamos nosotros para no frenar la operación.
Te lo decimos, y es un resultado válido del trabajo. Pasa cuando la empresa ya tiene el recorrido comercial ordenado y lo que falta es sostenerlo, o cuando el problema no es de marketing sino de precio, de capacidad de producción o de quién atiende el teléfono. En esos casos el plan de noventa días dice qué no hacer y por qué, que suele ahorrar más plata que cualquier campaña nueva. Un diagnóstico que siempre termina recomendando contratar algo nuestro no sirve para decidir, y esa es la única razón por la que alguien paga un diagnóstico.
Sirve, y es uno de los casos donde más rinde. Quien está adentro conoce el producto y a los clientes mejor que cualquier consultor, pero ejecuta todos los días y rara vez tiene tiempo de mirar el recorrido completo ni de comparar con lo que hace el mercado. El diagnóstico le deja prioridades escritas, una línea de base y argumentos para defender lo que propone frente a la gerencia. Lo hacemos con esa persona adentro de las sesiones, nunca por encima: un plan que llega de afuera y sin discutirlo no se ejecuta.
No: una auditoría mira hacia atrás y la consultoría termina en una decisión. Revisar qué se hizo, qué se gastó y qué está mal configurado es la primera parte del trabajo, no el entregable. Lo que se entrega es qué se hace en los próximos noventa días, en qué orden, quién lo hace y con qué cinco o seis números se va a evaluar. Si lo que necesitás es solo la revisión técnica de una cuenta de campañas o de un sitio, decilo: es un trabajo más corto y no hace falta contratar el mes completo.
Media hora alcanza para saber si lo que necesitás es un diagnóstico o directamente ejecutar algo que ya está claro.
Sin compromiso, y si el problema no es de marketing también te lo vamos a decir.
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